Marysol Fragoso Sosa

Los aceros privan a Ventura de la Puerta del Príncipe en Sevilla

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El desacierto con los aceros y el juego a menos de su lote de toros de San Pelayo privaron este domingo 23 de abril a Diego Ventura de volver a tocar la gloria en su reencuentro con Sevilla. Fue hermosa la tarde, ante casi un lleno en la Maestranza, por la expectación, por la bienvenida de su plaza, por la ilusión que se palpaba en el ambiente de que pasara algo grande después de varios años de ausencia. Pero en la magia del toreo entra también que en la moneda de la fortuna sale a veces cruz.

Se le escapó a Diego la oreja de su primero porque se atascó con el rejón de muerte. Fue el único borrón en una faena con el temple como guion para componer todo lo demás. Fue noble el toro de San Pelayo, pero no rompió hacia adelante y Ventura tuvo que llegarle siempre arriba para provocar y hacer las suertes.

Después de pararlo con “Campina”, sublimó una vez más, precisamente, la magia del temple con quien del temple es el dueño: “Nazarí”. Porque recogió al toro en los medios, se lo hiló al estribo, se lo llevó por dentro y completó una magistral vuelta al ruedo a la Maestranza con el astado oliéndole la bota, no más nunca de milímetros, pulseando la embestida para que no se detuviera nunca, esperándolo en décimas de segundo para no dejar de galopar nunca de costado y llevar embebido al toro. Puso Sevilla en pie con un pasaje marca de la casa con el caballo que nunca falla.

La otra cima de esta faena del reencuentro fue con “Bronce”, ya sin cabezada. Una banderilla clavada en los medios, batiendo tras citar muy en corto y esperar varios segundos que el de San Pelayo acometiera. Tras clavar, se quedó en la cara, se envolvió al toro en su mando con “Bronce” metiendo la cara entre los pitones, incluso, mordiéndolos por momento entre la sorpresa del público por la exhibición de autoridad y valor. Con “Guadiana” dejó un carrusel de cortas al violín sencillamente impecable y luego un par a dos manos también exacto en todo. Lástima lo del rejón final, injusto con todo lo demás.

Más cerca aún estuvo de obtener premio en su segundo, otro toro que fue más reservón y que le exigió llegarle mucho para encelar y provocar las embestidas. Fue ilusionante el recibo con “Joselito” fijando al toro sobre los cuartos traseros y doblándose con él en un palmo de terreno mientras éste embestía entregado y con celo.

Tuvo mucha clase y torería este inicio de faena, pero ya en banderillas le fue costando cada vez más al ejemplar de San Pelayo con el que Diego Ventura arriesgó de lo lindo con “Fabuloso” en varias pasadas por dentro, casi sin espacio entre el toro y las tablas, después de haberlo conducido de costado por todo el ruedo a base de pulsearlo mucho y esperarlo para que siguiera metido en la suerte.

Se le entregó el público en esos compases como después en dos banderillas de escalofrío con “Lío”, citando muy en corto, dando la grupa a las tablas, dejándose venir al astado al paso, muy despacio, como dudando, perdiéndole pasos hasta casi tocar la cabalgadura la barrera y, solo ahí, propiciar el embroque quebrando donde no parecía que hubiera espacio para ello. De nuevo tuvo ligazón y precisión el broche final con “Guadiana” con las cortas. Cobró, ahora sí, un rejón entero al primer intento, pero el toro tardó mucho en caer, se amorcilló y le obligó a tomar el descabello, lo que le dejó finalmente sin opción de premios.

La ovación con que Sevilla, que casi llenó la Maestranza, le despidió, tanto cariño expresado en ella dejó abierta la puerta para la próxima vez.

FOTO: DIEGO VENTURA

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