ESPECIAL

Silveti y Sánchez, en hombros en La Luz, de León, Gto.

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Una pesadilla. La pandemia arrinconaba a un callejón oscuro y tétrico cada una de las arterias de este inmenso corazón de nuestra fiesta brava mexicana. El dolor de una cornada grave, nos puso en terapia intensiva, en un silencioso túnel que parecía no terminar nunca. Pero la oscuridad que le sigue a un atardecer nunca será tan oscura como para llegar a cambiar la inevitabilidad del amanecer.

La tarde en la plaza La Luz de León, Guanajuato, arrancó con un paseíllo a flor de piel que rompía la sequía de más de un año de inactividad.

Poco después de partir plaza los seis matadores de toros, la empresa ETMSA, de labor titánica en el regreso de la fiesta brava en El Bajío, realizó un homenaje a los toreros, empresarios, afición y el equipo médico, que en esta lidia atípica han dado la cara por el honor de la tauromaquia nacional. Además de este reconocimiento, antes de la lidia del primer toro, un bonito tablao flamenco para calentar las palmas y encender los sentidos. Y después el folclor mexicano, con un jarabe tapatío que motivó a la alegría y la añoranza.

Así arrancó el primer festejo de este serial “México Busca un Torero”, con el 25% del aforo cubierto, con la sana distancia y mucha ilusión de ver los toros de Villa Carmela, ganadería regional y de calidad para seis matadores marcados por una entrega irresistible: Manuel Rocha “El Rifao”, Juan Fernando, Ernesto Javier Calita, Arturo Saldívar, Diego Silveti y Diego Sánchez. Combinación interesante de experiencia, esperanza y madurez. que enfrentó un encierro de Villa Carmela.

Abrió la tarde “Tostón” primer toro de la tarde para el diestro Manuel Rocha “El Rifao”, que recibe ovación cerrada en un llamativo saludo a porta gayola, seguido por largas cambiadas y lances ceñidos. Más tarde se entregaría al poner las banderillas. Inició su trasteo de rodillas, poniendo toda la carne en el asador. Entre algunos derrotes y desarmes mostró voluntad y valor ante el que inauguró el ciclo.  Cerró su labor con molinetes, ayudados y desplante, para matar de estocada entera fulminante y recibir una cariñosa ovación del público leonés.

“Cinqueño” no. 195 y con 442 kilos, saltó al coso de La Luz para ser recibido por Juan Fernando, matador de toros regiomontano, con hambre de ser en esta difícil profesión. Realizó un vistoso quite por chicuelinas antiguas. Después de brindar su faena al público, iniciaría con doblones y llevando al astado a los medios. Se esmeró con actitud y firmeza por ambos lados, lidiando con ráfagas de viento y la raza muy medida del segundo de la tarde. Mató de media estocada después de un pinchazo.

Ernesto Javier “Calita” saludó de capa a “Agradecido” número 205, con 478 Kilos y de fina estampa. Mecidos lances para abrochar con media verónica. Llevó el toro al caballo por chiculinas andantes y revoleras. Abrió su obra con cambiado por la espalda y derechazos largos. Tanda por el mismo lado acomodándose con las embestidas claras del toro carmelino. Por la zurda partió la cintura y giró las muñecas para mandar de aquí hasta allá, con ligazón y seriedad. Culminó con trincherillas, molinetes y desdenes, para matarlo de estocada entera y cortó así la primera oreja.

Arturo Saldívar, torero querido en estos rumbos, recibe a “Cumpleañero”, con lances de manos bajas y a pies juntos. Muy coreadas las chicuelinas, reunidas y templadas. Con la muleta convergieron la clase del toro y el asentamiento del matador. Muletazos sutiles y armoniosos, aprovechando cada una de las dulces y largas embestidas de “Cumpleañero”. Rompió la faena por la zurda, mientras sonaba Pelea de Gallos. Y se completó con derechazos, redondos de pulso, y manoletinas ceñidas, que pusieron a todos de acuerdo. Pinchó en alto en par de ocasiones para perder así el par de trofeos que había cosechado. Fue ovacionado en el tercio.

“Afortunado” no lo fue, se partió el pitón y fue devuelto por el juez. Como sustituto salió “Regalo” no. 258, de 470 kilos, negro, lucero, de la misma ganadería titular; Diego Silveti, torero de la tierra, se plantó con elegancia y desmayo para recibirlo con lances a pies juntos, relajándose en el trazo. Puyazo en todo lo alto de Salomón Azpeitia.

Diego Silveti se echó el capote a la espalda y se quedó quieto como una vela, para realizar un quitazo por gaonearas de compás abierto, que recordaron al Indio Grande. La lidia con el capote de Luis Alcántara fue pulcra, y Cristian Sánchez, y Lupillo, clavaron las banderillas con vistosidad. Brindó Diego en el centro del ruedo, cobijado en palmas calurosos.

En el tercio, por estatuarios señoriales, comenzó la faena. Y dejó caer el engaño en la trincherilla y el desdén, rozando la arena. Se reunieron toro y torero en tandas de hondura y ajuste por la derecha. Acarició las embestidas con ritmo y temple por la izquierda. Destacando los pases de pecho de pitón a rabo, acompañados por el Corrido de Guanajuato, del inolvidable José Alfredo Jiménez, símbolo del Bajío. Cerró la obra con “Silvetinas”, haciendo rugir la plaza. Dos orejas, después una espectacular estocada recibiendo. 

“Cincuentón” concluyó el festival, con 462 kilos, número 183 y cárdeno de pinta, para el hidrocálido, Diego Sánchez. Instrumentó verónicas pausadas y un remate personal soltando la punta del capote. Recibió un puyazo en la yema, y fue lidiado con mimo por Gustavo Campos. Luego Sánchez dibujó chicuelinas mandonas y una larga de terciopelo. Dedicó la faena compartida; al respetable y a Diego Silveti. Brindis de tocayos. Comenzó por la derecha, con doblones, que fueron centrando al burel jalisciense, que tuvo cadencia en su embestir. Cites de mano firme, toques suaves, y longitud en el trazo. Al natural relantizó las despaciosas embestidas. Gustándose mucho en todo momento, especialmente en molinetes llenos de frescura. Con un concepto muy mexicano que transmite a la gente.  Finalizó la faena por estatuarios y una estocada rotunda que le garantizó las dos orejas.

Mención aparte a las cuadrillas, que brillaron, dispuestos y en su sitio en todo momento.

Festival redondo y emotivo. Toreros y toros con entrega total. Los Diegos en hombros. La gente salió toreando de la plaza. Enhorabuena de verdad para todos y cada uno de los que se mantienen en pie de guerra, a favor de nuestra cultura. Que nada ni nadie la censure. Todo el mérito y agradecimiento a los que han puesto su grano de arena en el retorno de la más hermosa de todas las fiestas. Da gusto volver a las plazas, con todas las medidas necesarias para cuidar nuestra salud. Se hizo la luz, en la unión de miles de corazones latiendo de emoción por volver a gritar olé. No bajemos la guardia, mantengamos la flama. Qué el fuego de nuestras raíces siga brillando por siempre.

FOTO: PRENSA DIEGO SILVETI

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