Marysol Fragoso Sosa

Preservan la tradición de charrería entre niñas y niños, en Azcapotzalco 

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En la Asociación de Charros José Becerril, del lienzo charro El Hormiguero, en Azcapotzalco se alberga desde hace tiempo la única escuela para formar a las integrantes de una escaramuza infantil en la Ciudad de México. Además cuentan con una escuela para niños que aprenden a realizar las suertes de la charrería.

De momento, son seis las alumnas que están siendo guiadas por el instructor José Contreras Trejo. Ellas tienen edades que fluctúan entre los cuatro y los once años. 

Para su reina, Danna Tello de Meneses, de diez años de edad, quien es la represente de la tercera generación de su familia, dedicada al deporte nacional, la afición le llegó al ver a su sus familiares competir en las charreadas: “Mi abuelo Enrique Tello, que en paz descanse, mis papás y mis tíos practicaron la charrería y mis tías fueron reinas”, dijo, mientras montaba a su caballo, raza cuarto de milla, llamado Popeye. 

“Empecé a montar desde los tres años, con mi papá y ahora me encanta montar; no lo cambio por nada, pues prefiero estar practicando suertes en el caballo que ir a reuniones y fiestas”, agregó.

Tras haber concluido su sesión de entrenamiento consideró: “La suerte más difícil para mí, es La Flor. Aquí en la charrería y en especial en la escaramuza, el amor que se le tiene a los caballos es incondicional y el que el caballo nos da es igual. Popeye y yo somos uno: lo amo”. Como reina de la escaramuza infantil tiene una meta: “Espero que podamos ganar en el estatal, luego en el nacional y ser las campeonas”.

Bárbara Chávez Lecumberri, de 11 años, cuyos antecedentes en este deporte se remontan a su abuelo y a su padre, cuenta: “Empecé a montar a los siete años y quiero decir que muy lindo practicar en la escaramuza, junto con mi yegua Eva, pues tengo una fuerte conexión con ella. Para mí, La Punta es la suerte más difícil pero también la que más me encanta hacer. ¡Quiero decirle a otras niñas que si experimentan con este deporte les va a encantar!”.

Forman parte del equipo las chiquillas llamadas Carolina Romero Galindo, Sofía Chávez Rodríguez, María José Espinosa Galván y Jimena Carreño Galindo.

En ese mismo lienzo, está asentada la escuela de charrería para niños que lleva por nombre Doctor José Luis Lecona Baez. Cuenta con trece integrantes, de seis a quince años, bajo la batuta del instructor José Barrera.

Estuvieron presentes los niños Bernardo Lara, Sebastián Tello, Franco Lecona, Luis Lecona y David Romero. Respecto al aprendizaje que están recibiendo para realizarlas Sebastián afirmó lo siguiente: “Me gusta estar aquí para aprender a montar toros y jinetear. En mi casa, los adultos como mi papá también son charros y mi hermana es la reina de la escaramuza; para mí ser charro es lo mejor que existe”.

Por su parte, David externó: “Ser charro es un honor. Honro a mi familia porque del lado materno todos son charros: mi abuelo Mariano Romero y Velázquez (QEPD), mejor conocido como “Chano” Romero, fue socio fundador y presidente de esta asociación. Mi mamá formó por muchos años parte de la escaramuza. Al ver ese historial, junto con mis tíos, dije: ‘quiero ser parte de aquí”.

Además comentó: “Si hay niños a los que les gusta este deporte, por favor que les digan a sus papás que los integren a alguna escuela charra, es cuestión de práctica para poder lograrlo”.

FOTO: CORTESÍA DIARIO ESTO. AUTOR: LUIS GARDUÑO

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